LA IMAGEN
RELIGIOSA
IMAGEN
(del latín imago, -inis).
- Representación de un
objeto en un dibujo, pintura, escultura, etc. Particularmente de una
persona. Específicamente, de Dios, la Virgen o los santos.
- representación figurativa de un objeto en
la mente.
- Descripción muy real de
una cosa.
En
un inicio, las imágenes se hicieron para evocar la apariencia de algo ausente.
Con el tiempo, fue claro que estas imágenes podían sobrevivir al objeto
representado y por lo tanto podían representar al objeto en sí y cómo éste
había sido percibido.
Este
aspecto resulta clave para entender el papel que tiene la imagen religiosa, ya
que Dios, la Virgen
y los santos visiblemente ausentes, se hacen presentes y se dan a conocer por
medio de la imagen.
Según
el Concilio Vaticano II, “Las imágenes sagradas son una traducción iconográfica
del mensaje evangélico, en el que imagen y palabra revelada se iluminan
mutuamente”. Obedecen a determinados propósitos y no están hechas al gusto
propio del artista, ya que se deben apegar lo más posible a lo que la Sagrada Escritura
dice o a la vida de los santos.
En
la religión católica, la contemplación de las imágenes sagradas ayuda a la
oración y su función principal es introducir
a las personas al misterio de cristo; son un puente entre lo terrenal y lo
divino. Sin embargo cada una tiene su historia y veneración particular que se
basa en acontecimientos relacionados al santo.
Estas
imágenes jugaron un papel fundamental en la Nueva España y se hicieron
presentes desde un inicio. Ejemplo de ello es la evangelización, en donde las
distintas órdenes –a pesar de cada una tener su propio estilo- coincidieron en
utilizar las imágenes religiosas para enseñar a los indígenas la doctrina
católica, ya que no compartían ni el
mismo idioma, ni la misma cultura, ni la misma cosmovisión. Debido a esto, las
imágenes jugaron un papel primordial para poder explicar a los indígenas de
manera más sencilla la religión católica y hacer presente a Dios, la Virgen, los santos y sus
historias.
Para
lograr la evangelización, se necesitaba de un gran número de imágenes
religiosas. Debido a este gran número de imágenes requeridas y por ser el medio de comunicación por la
diferencia de idioma, la imagen como grabado fue una de las razones para el
establecimiento de la imprenta en América.
Desde
otra perspectiva el Papa Gregorio Magno, mencionó: “para aquellos que no saben leer, la pintura es lo que son las letras para
aquellos que sí saben leer”. Lo ubicamos bajo el contexto sociocultural de
la edad media en donde la población era en su gran mayoría analfabeta y por
tanto, el recurso de la imagen era el camino más adecuado para poder
evangelizar el cristianismo.
El
fundamento teológico del icono para la Iglesia Católica,
comprendiendo su creencia y coherencia es:
“El
primer fundamento teológico del icono es precisamente la Encarnación del Hijo
de Dios. El Dios invisible se hizo visible y habitó entre nosotros. La iconografía es posible debido a la Encarnación. En
las palabras de San Juan Damasceno, uno de los principales defensores del icono
en el siglo VIII, “En la antigüedad Dios el incorpóreo y no circunscrito no
fue representado en imágenes. Mas ahora que Dios ha aparecido en la carne y ha
vivido entre los seres humanos, hago una imagen del Dios que puede ser visto”. Del
mismo modo, el VII Concilio Ecuménico habla de la ausencia de íconos de Dios
Padre, quien no se encarnó, y por tanto no fue visible; por ende, no debe ser
representado.
Además de ser posibilitado por la Encarnación, el icono
da testimonio del resultado de la Encarnación, que es la deificación del ser
humano, la experiencia de los santos. Se encuentran estas dos ideas afirmadas
incluso en la oración prescrita para la bendición de un icono.
El Concilio de Calcedonia afirmó la unión
hipostática de las dos naturalezas, la divina y la humana, en la persona de
Jesucristo. “El icono muestra la
Persona del Eterno Logos encarnado, no simplemente su
humanidad separada de su divinidad”. Es así, entonces, como el icono comparte
el misterio de su humanidad y su divinidad.
Un segundo elemento que se debe considerar en el
fundamento teológico es el de la Transfiguración. El icono no busca hacer una
representación física de la persona pintada en él. No es un retrato, sino que
quiere mostrar la vida transfigurada de la persona, su vida como ha llegado a
ser iluminada por Dios, con la luz del Tabor, la luz de la Transfiguración de
Cristo. Este concepto de lo transfigurado está expresado por un teólogo ruso
del siglo XX: “Los íconos no son simplemente pinturas. Son manifestaciones
dinámicas de la capacidad espiritual del ser humano de redimir la creación
mediante la belleza y el arte... son promesas de la victoria que ha de venir de
una creación redimida sobre la caída... la perfección artística del icono no es
simplemente un reflejo de la gloria celestial… es un ejemplo concreto de
materia restaurada a su armonía y belleza originales y sirviendo como vehículo
del Espíritu. Los íconos son parte del cosmos transfigurado”.
Por tanto, los iconoclastas destruían las imágenes
y perseguían a quienes las venerasen. Mientras que el culto católico justifica
su uso bajo la premisa de que no se dirige a las imágenes en sí mismas como
realidades, sino que las mira bajo un aspecto propio de imágenes conducentes a
Dios encarnado, o sea, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal,
no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que es imagen.
Referencia: